TERAPIA BEMMER

SISTEMA – 3MICRO

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Historia del desarrollo tecnológico e importancia actual de la

“TERAPIA VASCULAR FÍSICA BEMER®” en la medicina

La historia de la tecnología BEMER, cuyo primer momento culminante es el desarrollo de la configuración de la señal utilizada actualmente en los sistemas terapéuticos para aplicar la “terapia vascular física BEMER®”, se inició en 1998. El fundamento para ello fue el desarrollo de una señal de base específica, que difería de todos los tipos de señal usados en la terapia no específica de campo electromagnético hasta ese momento debido a una particular fórmula matemática y a la señal física resultante de ella.

Sin embargo, las consideraciones iniciales sobre el desarrollo de esta señal específica estaban aún dominadas por la idea de que la transferencia de energía electromagnética- como actúa un catalizador-podría utilizarse para intervenir, y activar, ciertos procesos biomoleculares en un organismo. Hoy en día podemos decir que, considerando la pequeña cantidad de energía transferida, este hecho no es el determinante decisivo de su eficacia. En vez de ello, lo que resulta decisivo es el ritmo de la configuración de la señal, es decir, la selección de repeticiones (frecuencias) y la específica localización vascular en la que inciden las frecuencias.

A partir del 2004 estudios científicos realizados en el Instituto de Microcirculación de Berlín por medio de microscopía intravital (un proceso técnicamente complejo que representa y mide los procesos de la microcirculación) revelaron que el uso de esta específica señal física producía en hombres jóvenes y sanos sometidos a infecciones, cambios positivos en las características de la microcirculación (tales como la vasomoción, la distribución de la sangre en capilares, el flujo de las vénulas y la utilización de oxígeno) de tal magnitud como nunca antes se habían logrado en los numerosos estudios que el Instituto había realizado administrando medicinas. Este hecho despertó el interés de los investigadores, y fue el comienzo de nuevas investigaciones y esfuerzos en el desarrollo de esta tecnología. También supuso por parte de Bemer el distanciamiento de la “terapia de campos magnéticos o electromagnéticos” convencional.

En el transcurso de este nuevo trabajo científico, se descubrieron algunos procesos especialmente importantes con respecto al mecanismo de regulación de la distribución de la sangre en la microcirculación precapilar y postcapilar. Se observaron diferentes índices de repetición en la vasomoción vascular en función del tamaño de los vasos. Tanto las minúsculas arteriolas precapilares como las vénulas postcapilares, se caracterizaban por tener entre 3 y 5 vasomociones por minuto en circunstancias normales. Las secciones vasculares ascendentes y descendentes, ligeramente mayores, tenían una sola vasomoción por minuto.

Estas vasomociones determinan la distribución de la sangre y de sus componentes en la red capilar de acuerdo con sus respectivas necesidades. Los investigadores también descubrieron que la vasomoción más rápida de los vasos más pequeños era autorrítmica, mientras que la vasomoción más lenta de los vasos un poco mayores estaba sujeta a un control central, humoral o neural. A partir de ahí el objetivo fue claramente el de optimizar el efecto de la señal precisando más su dirección y diferenciando sus frecuencias, creando así un efecto de sinergia en las diferentes vasomociones de cada sección vascular.

Las vasomociones de los vasos precapilares y postcapilares controladas autorrítmicamente, descubiertas en primer lugar, con un índice de repetición de unas tres veces por minuto, fueron la razón por la que en la primera etapa de desarrollo de la configuración de la señal, 5 pulsaciones con una densidad de flujo un tercio mayor que en el resto de la secuencia se insertaban en la secuencia de señal en 20 segundos. En 2007 esta configuración de la señal se dio a conocer como señal “PLUS” que supuso un primer aumento significativo en los cambios característicos de la microcirculación.

Los investigadores también encontraron que la frecuencia de la vasomoción disminuía según la edad y/o la intensidad de la enfermedad. Así que en pacientes mayores gravemente enfermos la vasomoción se reducía a una cada 10 minutos en las secciones vasculares precapilares y postcapilares. Esta frecuencia es absolutamente inadecuada para la correcta distribución de la sangre por los capilares y aunque no sea la causa de la enfermedad representa un factor muy negativo en su progresión e incluso en la recuperación del paciente.

Cuando la nueva tecnología BEMER se aplicó a estos pacientes, se encontró que la frecuencia de la vasomoción, y también las otras características de la microcirculación, tales como la profusión capilar, el flujo de las vénulas o la utilización del oxígeno, mejoraban significativamente. En la mayoría de los casos los pacientes tratados describían estos cambios positivos como una sensación de mejoría.

El desarrollo posterior de la tecnología Bemer dependió de encontrar las correctas distribuciones temporales y la localización específica en las secciones vasculares, también reconocibles por el organismo, en la configuración de la señal. Usando microscopía intravital, se podían siempre medir y evaluar los cambios en las características de la microcirculación de manera inmediata. Con este enfoque de “prueba y error” se fueron produciendo cada vez mejores resultados hasta llegar a configurar la señal más eficaz que es la que hoy en día utilizan los equipos Bemer.

Esta configuración de la señal, de 120 segundos de duración, también incide en dos áreas de estimulación que están separadas por intervalos de 3 sg. Estos intervalos permiten al organismo reconocer que cada estimulación se asigna a una localización diferente de la sección vascular. La señal que incide en las secciones vasculares de los precapilares más pequeños dura unos 83 sg con una frecuencia de 30 Hz. La estimulación de las secciones vasculares algo más grandes, sujetas a un control central, humoral o neural, dura unos 31 sg con una frecuencia de 10 Hz.

Investigaciones posteriores acerca de la redistribución de la microcirculación en las fases de relajación y descanso, comparándolas con las fases de actividad del organismo, llevaron al desarrollo de una señal adicional y específica que favorecía la regeneración y los procesos inmunológicos durante las fases de reposo /sueño. Este tratamiento adicional es especialmente beneficioso para pacientes que sufren trastornos del sueño, sobre todo pacientes delicados y /o mayores que a menudo experimentan déficits en la regeneración y en el sistema inmunológico.

Hoy en día la tecnología BEMER representa el método de tratamiento físico más eficaz para la disfunción de la microcirculación. Dado que las intervenciones terapéuticas a base de fármacos, especialmente en las arteriolas de pequeño tamaño y de vasomoción autorrítmica, son muy limitadas, esta terapia es realmente una opción de tratamiento sin precedentes y se debería usar en la práctica médica como una terapia complementaria para mejorar la microcirculación deteriorada. Teniendo en cuenta que el deterioro de la microcirculación ha sido reconocido como el origen de una serie de enfermedades y que básicamente la mayoría de los problemas de salud se ven afectados negativamente por el deterioro de la misma, resulta evidente la importancia fundamental de esta nueva terapia física complementaria en muchas áreas de la medicina.

Los pacientes que han sufrido un shock con riesgo de muerte son un ejemplo especialmente impactante porque el deterioro de la microcirculación desempeña un papel determinante en el pronóstico de estos casos. Si la regulación de las células implicadas en el sistema inmunológico y sus procesos posteriores, tales como la inflamación o cambios en la coagulación de la sangre, ya no funcionan debido a la distribución defectuosa de la microcirculación, esto provocará una disfunción del órgano y, posteriormente, una insuficiencia del mismo debido a los mecanismos fisiopatológicos desencadenados por este. Esto se complica aún más porque los ingredientes activos de los fármacos aplicados ya no pueden alcanzar las células afectadas en niveles suficientes de concentración precisamente por el deterioro microcirculatorio y de esta manera el pronóstico del paciente se agrava debido a este círculo vicioso. Por ello, el uso de una estimulación efectiva de la deteriorada microcirculación, como la que proporciona la “terapia vascular física BEMER® “, es una necesidad urgente para los pacientes afectados y puede resultar crucial para su supervivencia.

En resumen, hay que hacer hincapié una vez más en que, gracias a una investigación y desarrollo intensivo y complejo, la “terapia vascular física BEMER®” no tiene absolutamente nada en común con la “terapia de campos magnéticos” convencional, excepto por el hecho de que utiliza un campo electromagnético para transmitir un estímulo eficaz por razones económicas y prácticas.

Traducción de la editorial del número monográfico sobre la Terapia Físico Vascular Bemer del Journal of Complementary and Integrative Medicine. Volume 10 · 2013 · Number S1 www.degruyter.com/view/j/jcim

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